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Paulina Majín: el liderazgo indígena que nació de una promesa incumplida
Conozca la historia de Paulina Majín, coordinadora de la casa del Pensamiento Indígena y guía del caminar de los pueblos indígenas en el Distrito.
Paulina Majín. coordinadora Casa del Pensamiento Indígena

Foto: Éver Mercado

Carlos Mario Ríos
10 de Septiembre de 2026

Bogotá, septiembre 10 de 2026. Paulina Majín siempre ha tratado de cumplir con su palabra; esto le ha permitido crear un liderazgo entre los distintos pueblos que viven en Bogotá. Sin embargo, paradójicamente, para llegar a este lugar que hoy ocupa, tuvo que romper con una promesa que le había hecho a su familia antes de llegar a Bogotá hace 16 años: les dijo a sus seres queridos que no iba a ejercer ningún trabajo comunitario, pero sus convicciones fueron más fuertes.

Ella es la coordinadora de la Casa del Pensamiento Indígena de Bogotá, creada como un lugar de encuentros, reuniones y diálogos en el centro de la ciudad para los 19 pueblos indígenas que tienen asiento en la capital, especialmente las catorce comunidades que hacen parte del Consejo Consultivo y de Concertación creado con el Decreto 612 de 2015.

Además, ella es la actual gobernadora del pueblo Yanacona en Bogotá. Su historia siempre ha estado ligada al trabajo arduo por la garantía de derechos de su comunidad y de todas aquellas personas que requieren orientación en temas sociales, culturales y jurídicos, así como para acceder a la oferta del Distrito. 

“Llegué a Bogotá en 2010 para acompañar a mi hijo, quien venía a estudiar, y me encontré a los pueblos acá; y aunque le había prometido a mi familia que no iba a hacer nada de trabajo comunitario en esta ciudad, inicié la creación de una estructura para unificar a los catorce pueblos y consolidar la política pública de aquel entonces, la 543”, señaló esta autoridad. 

Este fue el primer gran paso de un largo camino que la ha llevado a acompañar la puesta en marcha de diversas iniciativas que han empoderado a las etnias indígenas en Bogotá.

Del Cauca a la capital

Paulina es una orgullosa mujer caucana, originaria del resguardo Rioblanco Sotará, ubicado a unos 50 kilómetros de la capital, Popayán. Es un lugar rodeado de fuentes hídricas y de una amplia variedad de flora y fauna, y está ubicado a los pies del volcán que lleva el mismo nombre de su territorio ancestral, Sotará. 

“Allá es otro mundo porque es más tranquilo, se conoce toda la comunidad. Los trabajos son colectivos, todo es más fácil”, describió esta referente comunitaria, quien agrega que el territorio se quedó pequeño para albergar el crecimiento poblacional y para cumplir con los sueños académicos y profesionales de decenas de jóvenes de su pueblo.

“Yo salí de 18 años del resguardo porque allá había solo primaria. Me fui a estudiar a la ciudad de Popayán, en donde hice mi bachillerato y luego la universidad”, expresó Majín. Allí, a la par, inició una labor social con integrantes de su comunidad en esta ciudad, integrada por cerca de 300 familias que llegaron desplazadas por la violencia, en busca de trabajo o para estudiar, tal como lo hizo ella. 

“En Popayán, creamos una casa en comodato (modalidad en la que se entrega un bien en préstamo con la condición de devolverlo en las mismas condiciones) y luego se trabajó para poderla mantener. De hecho, ahí está la casa aún. Allá se hacían reuniones con la comunidad, tratando de que la gente no se olvide de dónde salió y buscando la prevalencia de nuestra identidad”, puntualizó.

Este trabajo ha permitido la pervivencia de los usos y costumbres de la comunidad Yanacona, un pueblo compuesto por 31 comunidades a nivel nacional, con una estructura política denominada ´Cabildo Mayor´, que es la autoridad tradicional organizativa del pueblo. 

Y en Bogotá, esta comunidad está compuesta por 106 familias de diferentes resguardos, que habitan en 17 localidades. Aquí, trabajan por fortalecer su identidad, alimento propio, tejidos, medicina ancestral y su chirimía. 

“Yo creo que es un regalo que tenemos como pueblo, aunque a veces nuestras comunidades no lo ven así; es tener algo que nadie tiene; nuestra medicina es muy importante y la tenemos. Lo único que no tenemos en Bogotá, y que estamos fortaleciendo, es nuestro idioma”, afirmó.

Su vida en Bogotá

En la capital del país, Paulina vive con su esposo. su hija y su hijo. Trabaja de domingo a domingo, unas veces desde su oficina en la Casa del Pensamiento Indígena, alternando como la coordinadora de esta instancia y como la máxima autoridad del pueblo Yanacona.

A este cargo llegó después de un proceso iniciado entre 2013 y 2014 para adquirir una casa para su pueblo que, finalmente, fue entregada para los catorce pueblos que se agruparon bajo el Consejo Consultivo y de Concertación. Esto se logró el 26 de noviembre de 2015.

En esta casa, atiende las necesidades de familias víctimas del conflicto armado o de quienes llegan en busca de información para estudiar o trabajar y necesitan de la guía de una lideresa.

El trabajo con las generaciones venideras

Paulina ve con optimismo el trabajo futuro entre los pueblos indígenas y la Administración Distrital, gracias a la concertación y el reconocimiento que han logrado. 

“Creo que hay un reconocimiento de la política pública: nos atienden, hay un espacio consultivo donde nos encontramos con las diferentes instituciones y acordamos qué se va a trabajar, dónde y con quién. Y esperamos que mejore el día de mañana para los nuevos que vienen, las nuevas generaciones que ya nacieron en la ciudad de Bogotá”, precisó la autoridad.

En los más de tres lustros de labor ininterrumpida que completa a favor de las familias indígenas, esta mujer se consolida como una guía de sus pueblos en la ciudad. En este espacio no hay un aviso que indique la existencia de este lugar, pero detrás de sus amplios portones desarrolla su trabajo de forma amable y generosa, pero también con convicción y firmeza. 

En ella, la Administración Distrital reconoce a una mujer seria y práctica, de quien exalta el valor de su palabra. Paulina sólo dejó de hacerlo una vez cuando llegó a Bogotá, pero fue una promesa rota que dio inicio a una historia que ha mejorado las condiciones de vida para los 19 pueblos indígenas presentes en la capital.

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