La Bogotá no contada...
Dos años después, sus nombres siguen vivos
En El Bicho, la memoria volvió a encontrarse para recordar a dos jóvenes que hicieron de la cultura, el arte y el territorio una forma de construir comunidad.
Dirección de Derechos Humanos

Camilo Cuellar - Dirección de Derechos Humanos

Justin Castillo
26 de Agosto de 2026

Hay lugares de Bogotá que guardan historias.

Lugares donde alguna vez hubo una conversación, una canción, una siembra, una obra de arte o una reunión. Lugares que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose también en memoria.

El Bicho, en Bosa, es uno de ellos.

El 15 de agosto de 2024, Bogotá perdió a Camilo Sánchez y Camila Ospitia, dos jóvenes que encontraron en la cultura, el arte y el trabajo comunitario una manera de transformar su territorio.

Este 2026, cuando se cumplieron dos años de sus asesinatos, sus nombres se siguen pronunciando.

Durante los días previos a esta conmemoración, colectivos y procesos comunitarios realizaron una juntanza por la memoria de Camilo Sánchez y Camila Ospitia, vinculada a El Bicho, ese espacio comunitario que representa buena parte de las luchas y sueños construidos por jóvenes de Bosa.

Porque recordar también es una forma de cuidar.

Es volver a decir que sus vidas importaron. Que sus historias no terminan con un asesinato. Que detrás de sus nombres hay familias, personas que les extrañan, artistas y comunidades que todavía los nombran.

La memoria venció la muerte.

Esto no es solamente mirar hacia atrás, es preguntarnos qué ciudad queremos construir de aquí en adelante.

Es recordar que hubo jóvenes que eligieron la música, el arte, la cultura, la siembra y el encuentro como caminos para construir comunidad. Y es reconocer que sus sueños siguen haciendo parte de un territorio que se niega a olvidar.

Camilo y Camila fueron parte de una generación que decidió ocupar el territorio con cultura, encuentros, esperanza y música. Y quizás por eso su memoria permanece de una manera tan particular: no solamente se les recuerda; se continúa haciendo comunidad en los lugares que ayudaron a construir.

Camila y Camilo no son solamente una fecha en el calendario.

Son memoria, son territorio y son una historia que Bosa continúa contando.

Dos años después, Bosa vuelve a encontrarse.

No para quedarse en el silencio.

Para recordar.

Para abrazar la memoria.

Para defender la vida.

Para decir, una vez más y desde el territorio:

No olvidamos a Camila y Camilo.

Porque mientras sus nombres sigan siendo pronunciados, mientras una canción vuelva a sonar, mientras alguien siembre una planta, mientras jóvenes se encuentren para crear y transformar su barrio, su historia seguirá haciendo parte de Bogotá.

Y en una ciudad que también aprende a sanar sus heridas, recordar es una manera de seguir construyendo paz.

Hoy, desde Bogotá, volvemos a decirlo:

No olvidamos a Camila y Camilo.

 

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