Foto: Camilo Triana
El reverendo Gabriel Méndez es el nuevo protagonista de la Bogotá no contada, la capital que valora la diversidad de credos y promueve su respeto.
Bogotá, 9 de diciembre de 2025. Aunque su ciudad de origen es Popayán, el padre Gabriel Enrique Méndez, representante de la Iglesia Católica, ha escrito los capítulos más significativos de su vida sacerdotal en la capital del país, trazando una ruta que ha recorrido los cerros surorientales hasta instalarse, recientemente, en el barrio La Esmeralda. La vida de este líder religioso, con vocación de misionero, hace parte de un nuevo capítulo de ´La Bogotá no Contada´.
Su inicio en este camino de fe, en el que sintió el llamado a vivir para Jesús, se dio de la mano de su mamá y su papá. Atrás quedó el proyecto de ejercer su carrera, la mecánica industrial, para entregar su vida al sacerdocio. Hoy, ejerce su vocación, inspirado en la figura de San Juan Pablo II. Esta decisión, afirma, “da respuesta a mi vida; estoy muy contento de ser sacerdote y compartir con ustedes esta misión”.
Su inclinación por el servicio lo convirtió en un hombre misionero de corazón. Siendo seminarista, esta tendencia lo llevó a recorrer distintos lugares como Panamá, San Andrés y Providencia, Buenaventura, el norte de Cundinamarca y el occidente de Boyacá. “Allí, compartí con muchas comunidades dando la vida por tantas personas que lo necesitan”, expresó.
Su labor en Bogotá
Su ministerio presbítero se inició rodeado de la belleza de las montañas del sector suroriental de la ciudad. “Comencé en los santuarios de Guadalupe y de la Peña, durante cuatro años. Posteriormente, fui enviado a una parroquia que se llama San Marcos, en el barrio Girardot, un sector bastante complejo a nivel social y a nivel de vivencias y necesidades pastorales”, señaló.
Para contribuir al desarrollo social en estas zonas de Bogotá, el padre Gabriel lideró, desde 2018, el proyecto ´Comunidades de Arte y Paz´, que llevó música, pintura y actividades lúdicas a las y los habitantes del sector, y en el que se empezó a integrar con la Administración Distrital a través de la Alcaldía de San Cristóbal, lo cual, además, demarcó el camino que recorre en la actualidad.
“Desde ese momento me vinculé a las iniciativas de libertad religiosa y conocimos las políticas públicas del sector religioso que fueron promulgadas en esa época”, manifestó.
A la par con su trabajo articulado con las entidades distritales, continuó su labor en la parroquia de San Mario, en la zona de Juan Rey y Tijuana, a más de 3,050 metros sobre el nivel del mar.
“Ahí participé en esa misión tres años y, posteriormente, estuve en el barrio Santa Inés, cerca del 20 de Julio, hasta que, hace algunos meses, fui trasladado a mi actual parroquia, Cristo Resucitado, en el barrio La Esmeralda”, afirmó el sacerdote.
Fortalecimiento de la libertad religiosa
Su trabajo con el sector interreligioso, afirma, le ha permitido conocer que Bogotá cuenta con una representación de todo el país. “Cada persona trae una historia, un momento o un recuento, de lo que se vive en sus territorios. Bogotá tiene gente de muchas partes, lo que nos permite tener una pluralidad maravillosa, y eso es fundamental”.
Este factor, afirma, ha permitido que la ciudad avance en diversos aspectos relacionados con la libertad religiosa en Bogotá, donde “cerca del 80 por ciento de sus habitantes tiene una filiación de fe, y eso es un elemento muy importante; significa que, dentro de estos espacios, participa gran parte de la ciudadanía”, resaltó el líder religioso.
El padre Gabriel Méndez no sólo es uno de los actores cuyo trabajo hace posible que exista un diálogo interconfesional que fortalece el derecho constitucional a la libertad religiosa. Es también un modelo de administración que contribuye a la generación de nuevos liderazgos que tomarán el relevo en un futuro.
“Estamos creando pequeños grupos de lideresas y líderes entre jóvenes participantes de las iglesias, para que hagan parte de estos espacios; somos actores fundamentales de la construcción de la ciudad y de la vida comunitaria”, concluyó.
Así, la historia del padre Gabriel Méndez refleja cómo la fe, vivida desde el servicio, el diálogo y el respeto por la diferencia, puede convertirse en un puente para fortalecer el tejido social de Bogotá. Su camino pastoral, marcado por el trabajo comunitario y en equipo con las entidades distritales, da cuenta de una ciudad que reconoce en su diversidad religiosa una oportunidad para construir convivencia y esperanza.