El museo que le cambió el sentido al “Viernes Negro”

El Museo del Viernes Negro cuenta historias desde la dignidad

El museo que cuenta historias desde la dignidad.


Una historia entre tambores, raíces y resistencia cobra vida en Antonio Nariño. El Museo del Viernes Negro, un espacio cultural que representa la memoria viva de Bogotá.
Alexandra Casas Jiménez

Al entrar al Museo del Viernes Negro, los tambores marcan el ritmo, el olor de las plantas envuelve el espacio y los colores guían la mirada. Todo ocurre al mismo tiempo, como si cada elemento estuviera ahí para recordar que hay historias que durante mucho tiempo no se contaron.

Ese lugar, tejido desde la memoria y la resistencia, es hoy una casa en el barrio Ciudad Jardín Sur, en la localidad de Antonio Nariño, en Bogotá.

Julissa Mosquera, camina cada día entre instrumentos, murales y saberes ancestrales, con la seguridad de quien no solo habita el museo, sino que ayudó a hacerlo posible. Su historia comenzó en Quibdó, Chocó, de donde salió en 2011, desplazada por la violencia. Su destino parecía ser otro país, pero decidió quedarse con sus hijos y con todo lo que implicaba reconstruirse en otra ciudad.

“Yo llegué aquí buscando a los míos… porque decían que no había comunidades negras en la localidad. ¿Cómo que no?”, recuerda.

Esa pregunta fue el inicio de un camino que empezó tocando puertas, reconociendo rostros y encontrando una comunidad que existía, pero que no estaba siendo visible.

Julissa Mosquera


Reconocerse para hacerse visible

Con el tiempo, esa búsqueda se transformó en organización. Así nació la primera mesa afro de la localidad, luego el consejo afro y más adelante una representación con alcance distrital y nacional.

“Uno dice que va a renunciar… pero hay una fuerza que lo empuja a seguir”, expresó Julissa.

Esa fuerza empezó a encontrar eco en Bogotá. Bajo la administración de Carlos Fernando Galán, que impulsa una ciudad con enfoque más social e incluyente, y con el acompañamiento de la Secretaría Distrital de Gobierno, estas iniciativas han encontrado un escenario donde lo comunitario se consolida gracias al respaldo institucional. En ese camino, estrategias como Proyecta Local – Presupuestos Participativos han permitido que ideas nacidas en el territorio se conviertan en procesos reales, sostenidos y con impacto en la vida barrial.

 

Resignificar la historia

La insistencia se transformó en una idea más grande: crear un espacio donde la historia de las comunidades negras pudiera contarse de otra manera. Desde la dignidad, la resistencia y la memoria.

Fueron jóvenes de la localidad quienes empezaron a imaginar ese lugar.

“El viernes era el día en que vendían a los negros más baratos… nosotros quisimos cambiar ese significado, resignificarlo”, explicó Julissa.

Lo que comenzó como una reflexión empezó a tomar forma en 2018. Primero fue un museo itinerante: aparecía por algunos días y luego desaparecía cuando se acababan los recursos.

Esa intermitencia también dejó una lección: la memoria necesitaba estabilidad, lo que implicaba gestión comunitaria y decisiones públicas que permitieran sostener los procesos en el tiempo.


De una idea a un lugar propio

 

La necesidad de permanencia llevó a un proceso de gestión que permitióMuseo Viernes Negro consolidar el proyecto a través de los Presupuestos Participativos de la Alcaldía Local de Antonio Nariño, organizando la apuesta en tres caminos: saberes ancestrales, ruta libertaria y el propio museo.

En ese entramado, el museo empezó a tomar forma concreta: cerca de 89 millones de pesos fueron destinados a su desarrollo dentro de un presupuesto total de 236 millones, una inversión que permitió pasar de lo itinerante a lo permanente.

En abril de 2025, el museo dejó de ser una idea para convertirse en un lugar propio.

Hoy cuenta con seis salas donde conviven instrumentos musicales, murales, objetos de medicina ancestral y una pequeña huerta que conecta con las raíces. Más allá de la infraestructura, el movimiento se mide en lo que ocurre dentro: más de veinte encuentros realizados y cientos de personas que han pasado por sus espacios: colegios, personas mayores, niñas y niños con discapacidad, vecinas y vecinos de Ciudad Jardín y barrios aledaños dan cuenta de un lugar que no solo existe, sino que está vivo.


Un legado colectivo

Allí se realizan talleres, se elaboran productos, se comparten saberes y se generan ingresos que permiten sostener el espacio en el tiempo.

“Siempre pensamos que tenía que ser autosuficiente… los procesos no pueden depender solo de los recursos”.

Esa idea dialoga con una visión más amplia de ciudad: una en la que lo público acompaña, pero donde lo comunitario construye su propia sostenibilidad.

Cuando se le pregunta a Julissa por su legado, señala el lugar que la rodea.

“Esta casa donde se reivindican los derechos, el liderazgo no es de una persona. Es de todos los que han estado, los que están y los que vendrán”.


Reescribir la memoria

El Museo del Viernes Negro es, al mismo tiempo, un espacio donde se enseñan saberes ancestrales, se preparan alimentos tradicionales, se fortalecen emprendimientos y, sobre todo, se reconstruyen relatos. Este lugar existe para escribir nuevas historias, desde la dignidad.

Cada visita es una invitación a mirar la ciudad desde otra perspectiva, en ese cruce entre comunidad e institucionalidad, el museo se sostiene como una prueba de que cuando los procesos locales encuentran respaldo, la ciudad empieza a parecerse más a quienes la habitan.

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01/05/2026