Foto: Oficina Asesora de Comunicaciones
Lina María Medina Estrada se identifica como la Maestra Salvidgen y Pastora de la Comunidad Tao de Bogotá y Cundinamarca. Ella es la nueva protagonista de ´La Bogotá no Contada´.
Bogotá, noviembre 6 de 2025. Lina María Medina Estrada, integrante de la Comunidad kristika Universal Tao, tenía la convicción de que debía nutrirse de las disciplinas relacionadas con las artes y lo social, además de las costumbres e idiosincrasia de diferentes partes del planeta, y, así, contar con las bases necesarias para contribuir a un cambio en el mundo.
Hoy, su experiencia, liderazgo y conocimiento son protagonistas en la Bogotá no Contada, como referente de una entidad que enriquece la pluralidad religiosa de la ciudad.
“Soy la Maestra Salvidgen y Pastora de la Comunidad Tao de Bogotá y Cundinamarca”, afirmó Lina, quien se describe como una “comunicadora social de la Universidad Javeriana, músico de la Universidad de Toledo, madre de tres hijos, teatrera y artista”.
Antes de emprender su camino, sus gustos se orientaron hacia las letras, la poesía, la música y el arte, con una fuerza tal que tuvo que dejar a un lado sus estudios de Derecho.
“Me decidí por la comunicación social pero, antes, tuve la necesidad de viajar y la música me dio para hacerlo. Estuve en diferentes partes, viajando y estudiando música en España; también toqué varios meses en Australia y en Emiratos Árabes”.
A la par, continuó fortaleciendo su formación profesional. Con la idea permanente de cambiar el mundo de manera positiva, cursó una maestría en educación, aspecto de su vida que ha sido clave junto al hecho de haberse convertido en madre de tres hijos, lo que la ha llevado a vivir un momento en el que lo primordial “no es tanto lo que quieres o consigas, sino lo que eres y lo que vas descubriendo con la experiencia día a día”, aseguró.
A su experiencia profesional se unieron nuevos roles como gestora cultural y trabajadora social en diferentes cargos públicos del país y a continuar con su ejercicio musical en lugares como San Basilio de Palenque. “Conocí otras formas que hacen que las disciplinas puedan interrelacionarse para poder adquirir más sabiduría y ser mejor día a día”, expresó la lideresa religiosa.
Su llegada a la Comunidad Tao
Con esta premisa, se unió a la comunidad Tao. “Conocí el templo, un lugar especial en las montañas de Santander y Boyacá, donde hay un montón de sabiduría. Hay muchos libros sagrados, donde las religiones se fusionan para que cada ser esté preparado para asumir ese conocimiento, y se comprometa con una disciplina de convivencia pacífica y de autobservación”, describió la maestra Lina.
Asimismo, resaltó que las personas que pertenecen a esta congregación practican artes marciales, están ligadas al vegetarianismo y cuidan su cuerpo físico y su mente.
Reconocimiento de la diversidad religiosa
La orientación y actividades de la entidad a la que pertenece enriquecen el panorama religioso en la capital, lo que para la maestra es una oportunidad de mostrar un país plural.
“La institucionalidad se ha dado cuenta de esto, lo que hace que tengamos unas oportunidades buenísimas para comunicarnos y contar nuestras diferencias; además, nos empiezan a integrar a través de políticas públicas, de reconocimientos y de espacios que antes no se daban”, explicó la maestra.
“Bogotá es un territorio de diferencias”
Para Lina Medina, Bogotá es un territorio que le representa su infancia en el que se presentan muchas diferencias. “La veo como una ciudad cosmopolita, aunque no del estilo de Nueva York, Madrid o México, donde hay gente de muchas partes; es ese lugar donde todos podemos ser como somos y, aunque tenemos una identidad y una historia propia o distinta, tenemos la forma de encontrarnos unos con otros”, puntualizó.
Lina continúa su misión con la certeza de que cada gesto que promueve la convivencia y el respeto enriquece a Bogotá. Su labor al frente de la Comunidad Tao refleja un compromiso profundo con el diálogo, la paz y la construcción colectiva de una ciudad donde todas las voces tienen un lugar. Con su mensaje de apertura y su entrega hacía otras personas, aporta —como ella misma afirma— un granito de convivencia y felicidad a la Bogotá plural que día a día se sigue tejiendo.