Fabio Andrés Bustos
Muchos hemos escuchado historias de cómo la música transforma vidas, y este es el caso de nuestro protagonista: el director financiero de la Secretaría Distrital de Gobierno, quien, a través de bandas como Envidia Kotxina, Boikot, Kaos Urbano, Non Servium y Kaotiko, ha nutrido su vida con letras, melodías y amistades que hoy son parte esencial de su historia.
Detrás de cada proyecto que fortalece las acciones de la entidad y de cada cifra que se ajusta en los balances, hay una narrativa que no se escribe con tinta, sino con tesón. Para Fabio, los presupuestos son mucho más que columnas en una hoja de cálculo: son el reflejo de una vida dedicada al rigor y a la convicción de que el orden es la base del progreso.
Su ascenso no fue producto del azar ni de conexiones fortuitas. Ha sido el arquitecto de su propio camino. “Entiendo que la disciplina es el puente entre la meta y el logro. La excelencia no es un acto, sino un hábito construido con constancia”, explica.
En esta entrevista, nos adentramos en la oficina de quien custodia los recursos de la Secretaría, no solo para hablar de proyecciones y auditorías, sino para descubrir al hombre que, a base de esfuerzo inquebrantable, demuestra que en el servicio público la meritocracia sigue siendo una de las monedas más valiosas.
El hombre detrás del cargo: empatía y punk rock
“Soy un ser humano que siempre ha buscado la autosuperación”, define Fabio con sencillez. Aunque su cargo exige una seriedad natural, quienes lo conocen de cerca descubren a una persona profundamente empática. Su identidad está marcada por el punk rock: no solo ha sido la banda sonora de su vida, sino también una escuela de lealtad donde cultivó amistades que hoy son pilares.
Esa energía vital la traslada hoy al asfalto. “Estoy volviendo a montar tabla (skate), recuperando trucos y cogiendo ritmo”, confiesa, demostrando que la disciplina financiera no está reñida con la libertad de espíritu.

Una trayectoria forjada en la meritocracia
La historia laboral de Fabio es un testimonio de movilidad social a través del esfuerzo. Comenzó hace 17 años en la Secretaría de Integración Social como bachiller, trabajando en la primera línea de la oferta social: con habitantes de calle y en centros de rehabilitación. Esa experiencia en territorio le dio una visión humana que hoy aplica a las finanzas.
Mientras trabajaba, se graduó como contador y se especializó en Finanzas. De la intervención social pasó a la administración, coordinando equipos financieros, presupuestales y de planeación. Tras la pandemia, su llegada a la Secretaría de Gobierno fue el resultado de una trayectoria consistente, que culminó en su nombramiento como Director Financiero.
“Asumo este cargo con el mayor orgullo y compromiso”, afirma, como ejemplo de que en el servicio público la meritocracia sigue siendo un camino posible.
Liderazgo con sentido: más allá del trámite
Para Fabio, dirigir el equipo financiero no se trata solo de autorizar pagos. Su premisa es la cercanía: conocer el entorno de su equipo, escuchar sus historias y comprender sus realidades.
“Mi propósito es dejar huella. No quiero que seamos una dependencia de trámite, sino una unidad de acompañamiento y asesoría a las áreas, servidores y contratistas de la Entidad, garantizando una ejecución presupuestal con calidad del gasto y sobretodo, con calidez".
Su gran reto es ambicioso: lograr que tanto la Secretaría como los Fondos de Desarrollo Local hablen el mismo lenguaje técnico, unificando criterios financieros y contables para que la entidad avance con un respaldo sólido.
Inspiración y legado
La música sigue siendo el hilo conductor de su historia. "Es una pasión vibrante, que comparto con las personas más cercanas, como mí hijo, con quién he estado en conciertos y que sirve para construir momentos que fortalecen su sensibilidad ante la vida".
Al preguntarle por una frase que lo defina, elige una que resume su filosofía de servicio y su origen: “Nada que perder, mucho que ofrecer”. Un recordatorio de que, sin importar la complejidad de las cifras, el objetivo final siempre será el ciudadano, garantizando que cada recurso sea gestionado con el cuidado de quien entiende que el orden, en última instancia, también es una forma de servicio.