Su apartamento en el norte de Bogotá se convirtió en un espacio de creación de deliciosas recetas, hechas para fortalecer lazos afectivos y para desarrollar habilidades integrales.
Bogotá, junio 18 de 2026. Al descubrir el valor de la cocina para fortalecer los procesos de inclusión laboral en personas con discapacidad, Carolina Real Galeano encontró un punto de apoyo sólido en su búsqueda de alternativas para el desarrollo de esta población. Para esta educadora especial, el talento nace del corazón y la voluntad, más no de los resultados de pruebas o exámenes que determinen lo que puede hacer o no una persona en el lenguaje médico o terapéutico.
El caso que le mostró su camino de vida nació de una experiencia con una de sus pacientes, y que la llevó a conocer el valor de la integración de sectores sociales vulnerables en el mercado laboral.
“Cuando ella sale del colegio, empezamos a hacer todo un proceso ocupacional y nos dimos cuenta de que tenía habilidades para la cocina. Por esta razón, llegamos a la Escuela Mariano Moreno, donde tenían un proyecto de inclusión por competencias. Ahí, me di cuenta de que esta es un área muy importante para desarrollar muchas habilidades sin necesidad de que fuera una terapia convencional”, señaló esta profesional, quien le suma sus conocimientos en pastelería y chocolatería a su currículo.
En búsqueda de oportunidades
Carolina completa más de ocho años de trabajo integral con jóvenes con espectro autista, discapacidad cognitiva y con discapacidad motora, todo por medio de la cocina y del desarrollo de emprendimientos de pastelería, en donde el apoyo afectivo y estructural del núcleo familiar juegan un papel básico.
Unos años antes, como especialista en comunicación aumentativa y alternativa, se había enfocado en el sector tecnológico y en manejo de equipos para mejorar la comunicación en personas con problemas de lenguaje o de habla.
“En aquel entonces, teníamos herramientas como los eye tracking o rastreos oculares, tabletas, pulsadores, licornios (dispositivos que permiten que personas con discapacidad motora o parálisis cerebral puedan interactuar con su entorno) y softwares especializados en comunicación aumentativa y alternativa, desarrollados para personas con algún tipo de dificultad en su comunicación, lo que ayudó a mejorar habilidades en materia de comunicación, habla y lenguaje”, señaló. Y esto fue hasta que llegó la pandemia y decidió enfocarse, finalmente, en la cocina.
Desde entonces, su apartamento en el norte de Bogotá se convirtió en un espacio de creación de deliciosas recetas, hechas para fortalecer lazos afectivos y para desarrollar habilidades integrales.
“Tengo varios chicos y chicas con discapacidad cognitiva muy leve, ya que en la cocina es indispensable tener ciertas garantías de seguridad, además del manejo de las Buenas Prácticas de Manufactura teniendo en cuenta que usamos cuchillos y hornos”, describió.
Sobre los casos destacados de integrantes de su grupo de trabajo, esta educadora especial precisó que cuenta con “personas con trastorno del espectro autista (TEA) que están haciendo prácticas en restaurantes; hay otro chico limítrofe (término que describe que una persona tiene una capacidad intelectual justo por debajo de la media) que está trabajando medio tiempo en un hotel muy reconocido, y hay otras personas que han desarrollado sus emprendimientos familiares y que están vendiendo con su red de apoyo”.
Entre los emprendimientos señalados por Carolina figuran la ´Cocina Dani´. “Este negocio es de Daniela, por quien llegué a la cocina de la Mariano Moreno y me especialicé. Con ella, estamos vendiendo en diferentes lugares. También está Santiago, con quien desarrollamos un emprendimiento muy bonito desde el año pasado, con el apoyo de sus padres, llamado S.M. Delicious. Y mi gran socia es Natalia, con quien llevamos, aproximadamente, unos cuatro años de trabajo en los que hemos contado con el apoyo de su mamá, María Claudia”, señaló.
Este último caso es un ejemplo de la importancia del entorno familiar en el desarrollo de estas personas jóvenes. “Esta es una labor integral en donde se trabaja la parte emocional, comportamental, cognitiva y motora, pero con la familia como componente fundamental. Sin los papás no puedo hacer nada”, aseguró Carolina, quien señaló que se reúne con mamás y papás de dos a tres veces por semana.
Y no podía quedar fuera de este grupo la joven Juliana Barreto, una persona con discapacidad motora que se graduó de literata de la Universidad de Bucaramanga, y a quien le brindó su apoyo para poder estudiar a distancia y graduarse.
“Empecé a estudiar con ella de manera virtual, porque vive en Cota; hicimos todos los trabajos, me reunía en las clases con ella y sus profesores. Estudiamos edición, literatura internacional y nacional, entre muchas otras materias, que ya ni me acuerdo bien, hasta que ella se graduó. Ha sido un caso maravilloso y, aparte de eso, soy casi literata”, expresó con jocosidad.
“Mi familia está muy pendiente”
Y así como madres y padres de las y los jóvenes que trabajan con ella encuentran un gran respaldo en sus familias, Carolina también cuenta con el apoyo de la suya. “Mi hermano y mi mamá siempre han estado pendientes. Y ahora lo está mi esposo: él se ha involucrado mucho. Nos acompaña, nos transporta, nos lleva al cine y celebra cumpleaños con nosotros; para mí, era muy importante que alguien compartiera el respeto hacia la diferencia”, manifestó.
Y en este aspecto, la adaptación de su hogar fue un factor decisivo en el que contó con el apoyo de su cónyuge. “Cuando me casé, lo primero que le dije a mi esposo es que necesitaba un lugar donde yo pueda atender a mis jóvenes, porque sé que lo más importante para sus papás es la seguridad de ellos”.
“Todos tenemos dificultades”
Para esta mujer, las personas deben ser entendidas como tal, “sin el rótulo de discapacidad; ellos son Natalia, Daniela, Juan, Santiago, Sebastián...y ya. Todos tenemos dificultades. Todos”, aseveró Carolina, quien precisó que se debe tener un conocimiento de esa condición y que lo más importe es centrarse en trabajar sus fortalezas.
Y es bajo este principio que nació su emprendimiento gastronómico denominado ´Mora Real´, conformado por los apellidos de sus creadoras, Natalia y Carolina.
“Hemos empezado a hacer degustaciones con la amiga, con la vecina, con el de al lado y, cuando prueban, dicen que está delicioso. Para mí, lo más importante es que si nos compran es porque es rico, no porque lo tengamos acá o algún tipo de condición de alguna persona.
Tienen sus redes sociales para darse a conocer, en Instagram su usuario es @deliciasmorareal, en Facebook están como Delicias Mora Real y tienen atención vía WhatsApp 313 2641249 y 311 2870748, para que las personas interesadas en estas delicias gastronómicas de pastelería francesa de alta calidad, tanto dulce como salada, puedan contactarlas.
Una ciudad que avanza para las personas con discapacidad
La historia de Carolina Real Galeano demuestra que la inclusión se construye cuando el talento encuentra oportunidades y el compromiso de las familias, la sociedad y las instituciones se unen para derribar barreras. En esa misma dirección, la administración del alcalde Carlos Fernando Galán continúa fortaleciendo acciones para promover el reconocimiento de los derechos de las personas con discapacidad, ampliar los espacios de participación e impulsar iniciativas que favorezcan su autonomía, desarrollo e inclusión social y laboral, con el propósito de seguir construyendo una Bogotá donde todas las personas puedan desarrollar su proyecto de vida.