Fotografías: Jair Méndez - Secretaría Distrital de Gobierno
Construir confianza y poner al ser humano en el centro es clave para lograr comportamientos positivos en el transporte público.
En el marco del Congreso de la Bogotaneidad se desarrolló el panel “Bogotaneidad y sistemas de transporte: experiencias institucionales y aprendizajes”, un espacio de diálogo sobre cómo los comportamientos ciudadanos, la cultura y la confianza influyen en la forma en que habitamos y cuidamos los sistemas de transporte masivo.
Una ciudad plural que se mueve con sentido de pertenencia
Para Ernesto Cortés, editor general de El Tiempo, hablar de bogotaneidad es reflexionar sobre los cambios culturales que definen la convivencia en la capital. “Bogotá nos hace sentir orgullo, una ciudad con desafíos, retos, problemas, pero con un inmenso potencial humano que se refleja todos los días en los avances que tiene”, expresó.
El periodista invitó a pensar cómo el Metro, una de las obras más esperadas, se convertirá en un eje de vida cotidiana, identidad y apropiación. “En menos de 5 años vamos a tener más buses, más troncales y el Metro. Lo que viene es una gran oportunidad para la ciudad y ojalá lo hagamos bien, que en el Metro nos comportemos a la altura cuando esté en operación”, destacó.
Medellín: la cultura como base del transporte
Jaime Andrés Ortiz, gerente Social y de Servicio al Cliente del Metro de Medellín, compartió la experiencia de la Cultura Metro, un modelo que priorizó al ser humano sobre la infraestructura. “Desde antes de empezar a operar quisimos poner al ser humano en el centro y salimos a preguntar qué querían las personas del sistema metro”, relató.
Ortiz explicó que el éxito del modelo se basa en cumplir las promesas y construir confianza con la ciudadanía. “En el Metro creemos en el triángulo del cambio del comportamiento: formación, control y sanción. Estamos en estaciones, colegios, empresas, para hacer formación porque a veces el usuario no sabe cómo debe comportarse; en eso invertimos el 80% del recurso”, puntualizó.
México: comportamiento y diseño del sistema
Mayra Cabrera, Senior Advisor del Behavioral Insights Team (BIT) para América Latina y el Caribe, compartió el caso de Ciudad de México, donde el diseño del sistema fue clave para promover mejores conductas ciudadanas. “La manera en la que podemos lograr un mejor comportamiento en el transporte público responde a cómo diseñemos el sistema. Si es evidente cómo usar el transporte, la gente responde y podemos tener el cambio que queremos”, afirmó.
Explicó además que el cambio de comportamientos en el transporte está relacionado con la calidad del sistema y con la empatía institucional. “Las personas se merecen un transporte de calidad y entonces, de una manera asertiva y empática, van a responder satisfactoriamente a los cambios comportamentales”, agregó.

TransMilenio: corresponsabilidad ciudadana y cultura del cuidado
Desde Bogotá, Candelaria González, subgerente Técnica y de Servicios de TransMilenio, presentó las estrategias implementadas para fortalecer la corresponsabilidad y el respeto por el sistema. “Mover 4 millones de viajes al día es un reto enorme. Desde TransMilenio queremos lograr que las personas entiendan que sus comportamientos individuales tienen una consecuencia colectiva”, señaló.
Entre las experiencias destacadas, mencionó el trabajo con el colegio Nicolás Esguerra, donde los estudiantes diseñaron maquetas para escoger el nombre de la estación cercana a su institución. “Estamos enfocados en que la gente vea en el territorio al equipo de TransMilenio que planea el sistema; escucharles en los barrios, en los buses, en los paraderos, genera apropiación”, enfatizó.
Construir confianza desde lo público
Los panelistas coincidieron en que lograr una movilidad armónica depende tanto de la infraestructura como de las emociones, la comunicación y el cumplimiento de compromisos. “La confianza se construye cumpliendo las promesas”, recordó Ortiz, mientras que Cortés insistió en que “si los operadores garantizan un buen sistema, debe haber una respuesta recíproca de la ciudadanía”.
Para el Metro de Medellín, este trabajo se traduce en la formación de más de 35 mil niños y niñas, un blindaje social que refuerza la cultura del respeto y el cuidado del sistema.
La movilidad como espejo de la ciudadanía
El panel evidenció que la calidad del transporte refleja el comportamiento social. En México, los problemas de acoso, agresividad y contaminación se asociaron directamente con la manera en que las personas se comportan en el espacio público. Bogotá enfrenta un desafío similar: transformar la forma en que se habita la ciudad a través de un transporte digno, confiable y sostenible.
Bogotaneidad: corresponsabilidad y transformación colectiva
La conversación dejó una conclusión compartida: la bogotaneidad se construye con quienes habitan, cuidan y aman la ciudad. Promover el respeto, la empatía y la corresponsabilidad en los sistemas de transporte no solo mejora la movilidad, sino que fortalece el tejido social y la identidad colectiva de Bogotá.
En palabras de los panelistas, la cultura ciudadana no se impone, se cultiva, y el transporte público es uno de los escenarios más poderosos para hacerlo posible.