Foto: Camilo Triana
En la Bogotá no Contada, el protagonista es Aníbal Rivera, un hombre indígena que proviene del resguardo Ampiuile, del Cauca, y quien enfatiza en la necesidad de reconocer los derechos humanos de sus comunidades.
Bogotá, noviembre 21 de 2025. Aníbal Rivera es un indígena que proviene del resguardo Ampiuile (Ambaló, en lengua castellana), ubicado al oriente del municipio de Silvia, Cauca. Él trae consigo la cosmovisión de su pueblo, ligada al cuidado de la madre tierra y basada en principios marcados por la naturaleza como la reciprocidad, el trabajo comunitario, la solidaridad y la complementariedad.
Por su labor, enmarcada en la defensa de los derechos humanos y el reconocimiento del valor de la interculturalidad, Aníbal hace parte de la Bogotá no contada.
Su infancia en Silvia
De su tierra natal, recuerda que la toma de las estaciones de policía era constante, aunque asegura que su comunidad no se vio afectada por hechos violentos. “Mi niñez estuvo marcada por ese contexto de ruralidad donde tuvimos la posibilidad de recorrer nuestros campos sin ningún miedo, sin ninguna intimidación. Y eso hace que, cuando vayamos a otros territorios, los extrañemos”, manifestó el joven indígena.
Y así fue para Aníbal cuando arribó a Bogotá a finales de 2014. Atrás quedó su familia, su primer espacio de aprendizaje, integrado por su madre, Armida Rivera, y sus tres hermanas y dos hermanos.
“Llegué a la capital con el ánimo de estudiar, trabajar y crecer económicamente. Empecé trabajando en unos almacenes muy reconocidos e ingresé a estudiar a la Escuela Taller de Bogotá temas de construcción. Allí, terminé el técnico y trabajé casi casi dos años con ellos”, relató.
“Los derechos humanos deben tener un enfoque intercultural”
Después de esta experiencia, Aníbal ingresó a estudiar licenciatura en Educación Comunitaria con énfasis en Derechos Humanos en la Universidad Pedagógica Nacional, gracias a un crédito condonable del Icetex. Esta profesionalización le abrió la puerta para trabajar, durante una temporada, en la Dirección de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobierno.
“En el tema de Derechos Humanos he intentado plantear el enfoque intercultural, que reconozca otras formas de hacer justicia y las prácticas que se hacen en los territorios”, aseguró Aníbal, y afirmó que se debe fortalecer la atención a las comunidades que vienen de la ruralidad, “visibilizar sus costumbres y que éstas no sean homogenizadas; se deben conocer estas culturas y sus saberes, que son necesarios”, resalta este representante indígena, quien también cuenta con experiencia en trabajo social con la infancia a través de la Secretaría de Integración Social.
“Bogotá nos ha acogido muy bien”
Para Aníbal, las personas que vienen de territorios rurales, como él, han sido bien recibidas. “Considero que Bogotá ha recibido a muchas comunidades que han llegado por situaciones como el conflicto armado que hay en nuestro país, a pesar de que es ajena a nuestros territorios. En este sentido, es necesario que nos sigamos construyendo”, puntualizó.
No obstante, aunque su vida en la capital ha sido provechosa, este hombre caucano extraña las conversaciones con sus mayores y el encuentro con su comunidad. “Los mayores son fundamentales, así como los espacios colectivos alrededor del dibujo, la pintura, las canciones, las danzas y el compartir con la gente, que son necesarios para seguir perviviendo en el tiempo y en el espacio. Pero en la ciudad no se puede, no nos podemos reunir de esa manera tan colectiva, tan comunitaria”, aseveró Aníbal.
Finalmente, declaró que tiene un proyecto de vida junto a su compañera sentimental, Ange Linda Benavides, y su hija, Aymara Ayelén, con quienes continúa su caminar por Bogotá, el territorio que adoptaron. “Mi plan, como servidor público o como ciudadano, es seguir aportando esos saberes que hemos tenido la posibilidad de aprender y que han sido invisibilizados”, puntualizó.
La historia de Aníbal es un recordatorio de que Bogotá se construye también desde las voces que llegan de otros territorios. Su apuesta por la interculturalidad, el respeto por la madre tierra y la defensa de los derechos humanos evidencia que el conocimiento ancestral sigue vivo y tiene un lugar fundamental en la ciudad. Su recorrido es, además, una invitación a reconocer y valorar la diversidad que enriquece a la capital.
Hoy, en la #BogotáNoContada, el protagonista es Aníbal Rivera, un hombre indígena que proviene del resguardo Ampiuile, del Cauca, y quien enfatiza en la necesidad de reconocer los derechos humanos de sus comunidades.
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