Foto: Karen Huertas - Nivel central
300 estudiantes del Colegio San Viator vivieron La Ruta del Aguante, una experiencia que usó el fútbol como punto de partida para el diálogo y la convivencia.
En el Colegio San Viator, el fútbol dejó de ser solo un juego para convertirse en una excusa poderosa para conversar, escuchar y cuidarse. Hasta allí llegó la Ruta del Aguante, una de las apuestas más sensibles y necesarias de la estrategia Goles en Paz de la Dirección de Diálogo y Convivencia de la Secretaría de Gobierno, para sembrar convivencia y diálogo en escenarios donde la pasión suele ir más rápido que las palabras.
Aprender a convivir también se entrena
La jornada fue un espacio pensado y construido para que las y los jóvenes reconocieran que el aguante también se aprende: se practica cuando se resuelven los conflictos sin violencia, cuando el trabajo en equipo vale más que el marcador y cuando la confianza entre pares se convierte en la mejor defensa. A través de estaciones lúdicas, el equipo de Goles en Paz abrió conversaciones honestas sobre respeto, emociones y cuidado colectivo, sin discursos lejanos ni fórmulas rígidas.
Una apuesta construida en equipo
Nada de esto ocurre en solitario. La Ruta del Aguante es el resultado de un trabajo en equipo con distintas instituciones distritales, que entienden que la convivencia se construye sumando. En esta ocasión, la jornada contó con el acompañamiento de las secretarías de Seguridad, Salud, Educación y la Policía Metropolitana, una alianza que demuestra que cuando el Estado trabaja en equipo, los mensajes llegan más lejos y con más sentido.
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Barrismo social: transformar la pasión en convivencia
Estas acciones hacen parte del barrismo social, una apuesta que le da la vuelta a los estigmas y reivindica la pasión por el fútbol como una herramienta de transformación. Desde Goles en Paz, el balón se convierte en lenguaje común, el diálogo en estrategia y la comunidad en el verdadero equipo. Aquí no se trata de ganar o perder, sino de aprender a convivir, de reconocerse en el otro y de construir entornos más seguros desde edades tempranas.
El equipo que lo hace posible
El corazón de esta estrategia late gracias a su equipo. Un grupo de personas que llega a los colegios, a las canchas y a los barrios con escucha activa, paciencia y convicción. Son quienes sostienen el proceso, quienes creen en la pedagogía del encuentro y quienes demuestran, jornada tras jornada, que la paz también se juega y se entrena.
Al Colegio San Viator, gracias por abrir sus puertas y sumarse a este trabajo colectivo. En Bogotá, la convivencia se construye así: con instituciones que confían, jóvenes que participan y equipos como Goles en Paz que ponen el cuerpo, la palabra y el corazón para cuidar la ciudad.