Cuando su música suena en Bogotá, Palenque deja de ser un lugar lejano
Durante mucho tiempo, Palenque vivió como si el mundo exterior no existiera. Conservó palabras africanas, cantos, tambores, formas de cocinar, de curar y de contar la vida. Las mujeres guardaron en sus peinados mapas de caminos hacia la libertad, mientras los tambores parecían hablar una lengua que los soldados españoles nunca consiguieron entender.
Benkos fue finalmente capturado y ejecutado, pero su muerte no consiguió matar aquello que había comenzado. Porque en Palenque la libertad ya no era una palabra: era una costumbre.
Y así, mientras los siglos pasaban y Colombia cambiaba de nombre varias veces, Palenque siguió allí, rodeado de calor, música y memoria, como si sus habitantes hubieran descubierto mucho antes que los demás que algunas historias se heredan en la sangre y además se cantan, para que nadie vuelva a olvidar quién fue libre primero.
Esta fotogalería retrata el arraigo de las personas palenqueras a su esencia, que no se desvanece con la modernidad, con la distancia, o con el impredecible clima con el que lidian quienes eligieron vivir 2.600 metros más cerca de las estrellas.
En la administración del alcalde Carlos Fernando Galán reafirmamos el compromiso de la capital con el reconocimiento de la diversidad de los pueblos étnicos que la habitan, la pervivencia de sus tradiciones, cultura y saberes ancestrales, y con el acompañamiento de la garantía de sus derechos.
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